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Santa Lucia Amlo

Santa Lucía, nido de la estulticia

Este fin de semana se llevó a cabo la mal llamada “consulta ciudadana” para decidir la ubicación del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México.

Las redes sociales y varios medios dieron cuenta de las irregularidades entorno a este engaño: personas que votaron en más de una ocasión, una app para el registro que jamás funcionó, tinta indeleble que se borraba, boletas sin folio, nadie supo quién resguardó los paquetes por las noches, la pregunta estaba sesgada, y no hubo claridad en el criterio utilizado para la distribución de las mesas de votación; todo ello sin presencia alguna de autoridades u observadores que dieran fe de lo que ocurría.

Sabíamos de antemano que esta consulta carecía de seriedad, ya que no fue organizada por el Instituto Nacional Electoral (INE), y quien la convocó aún no es Presidente de la República.

Según los propios organizadores, sólo participó el 1.1% del padrón electoral, por lo tanto esta consulta no tiene ningún valor legal, ni tampoco es referencial.

La opción ‘ganadora’ en esta consulta espuria fue Santa Lucía, alternativa anunciada desde el 2015 por Andrés Manuel López Obrador para hacer sombra al proyecto de Texcoco que inició el gobierno federal.

Santa Lucía dista mucho de ser un proyecto real, es una idea vieja retomada a medias por José María Riobóo a petición del propio López Obrador. Fue el mismo presidente electo, quién desde agosto de este año confesó que Santa Lucía carece de estudios de factibilidad técnica, financiera y aeronáutica; razón por la cual es imposible saber con precisión si se puede aterrizar esta idea. Pero eso no fue obstáculo para mandar a competir esta propuesta contra Texcoco en su peculiar consulta.

Así es, créalo o no, en la consulta se nos presentaron como opciones: por un lado, Texcoco, una obra en proceso con 64 estudios de viabilidad a su favor y casi 30% de avance total; y por el otro, Santa Lucía, una idea a medio desarrollo SIN UN SÓLO ESTUDIO TÉCNICO que pruebe la simple posibilidad de realizarse.

Suena a misión imposible el reto que tendrá el próximo gobierno: conseguir un estudio serio que acredite Santa Lucía, para luego obtener el indispensable aval de la Organización de Aviación Civil Internacional y así poder iniciar su construcción.

El show de López Obrador con su consulta espuria y el proyecto amateur que resultó seleccionado, obliga al gobierno a cancelar de plano el proyecto de Texcoco.

Hablamos de 60 mil mdp ya invertidos que se irán a la basura; y de más de 200 mil mdp que tendrán que desembolsarse para pagar contratos incumplidos, liquidaciones, multas, y bonos ya colocados. Definitivamente mal negocio y mala elección.

Lo más grave es quedar ante el mundo como un país que no respeta compromisos, que no respeta a los inversionistas, y que no respeta el estado de derecho.

Tras el anuncio de que el nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México se construirá en Santa Lucía; la bolsa ha caído en 4%, los bonos del aeropuerto se han desplomado, y el peso registró una pérdida de más de 3% frente al dólar, que ya rebasa los 20 pesos por unidad.

En su afán por coleccionar ‘victorias políticas’ inútiles, López Obrador se dio un balazo en el pie. Su gobierno será el más afectado por las consecuencias de esta burda imposición disfrazada de consulta.

Ese balazo también le pega al país, y directo a la cabeza, pero al parecer eso a él es lo que menos le importa.

¿Qué lo habrá motivado a actuar con tal nivel de estulticia? Sólo él lo sabe.

Jorge Triana