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Marihuana

Marihuana, la batalla del prohibicionismo

La reciente aprobación del uso lúdico y recreativo de la marihuana en Canadá, la última sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en la materia, y la iniciativa presentada por la aún Senadora Olga Sánchez Cordero; han puesto de nueva cuenta en la agenda pública el eterno debate sobre el tema.

Sin embargo, la polémica no debería ya girar en torno a la cannabis y sus efectos, el punto toral es el prohibicionismo.

La política prohibicionista ha generado un enorme mercado negro llamado narcotráfico, con todo lo que esto implica: violencia ligada al crimen organizado.

El reto es hacer que ese mercado negro sea más pequeño y menos dañino para la sociedad, que ningún consumidor pase sus días tras las rejas, y que los no consumidores dejemos de pagar las consecuencias económicas y sociales que generan los consumidores.

Hoy día, con cargo a nuestros impuestos, sostenemos un enorme aparato estatal de cientos de millones de pesos para perseguir comerciantes y consumidores de marihuana. Ejército, Marina, Policías, Fiscales, Juzgados, Tribunales y prisiones están destinadas para evitar por la fuerza que no se consuma la droga. ¿Ha disminuido el consumo? NO, pero si se ha incrementado la violencia de las organizaciones criminales alrededor del mercado negro que se crea precisamente por el consumo prohibido.

Esos millones estarían mejor invertidos en campañas de prevención dirigidas a los jóvenes para informarles sobre los riesgos del consumo excesivo de esta droga.

Esos millones podrían utilizarse persiguiendo el secuestro, la extorsión, la trata de personas, y todos los flagelos que azotan a la sociedad y que están asociados a la delincuencia organizada.

La política prohibicionista ha dejado el mercado negro en manos del crimen organizado, y con ello un negocio tan lucrativo como tóxico. El valor del mercado negro asciende ya a los 140 billones de dólares al año.

Así, el Estado se ha empeñado en gastar más recursos y atentar más contra las libertades de los ciudadanos en un esfuerzo inútil por detener el comercio ilegal, cuando el problema real es la existencia misma del mercado negro a consecuencia de la prohibición.

Apenas la semana pasada, la SCJN confirmó por quinta ocasión consecutiva una sentencia a juicio de amparo a favor de personas que solicitaron permiso para cultivar marihuana con fines recreativos o personales, generando con ello jurisprudencia.

Los ministros consideraron que los posibles daños ocasionados por su consumo son reversibles y menores, por lo que no se justifica la prohibición de plano.

La Corte además deja claro que la política prohibicionista vulnera derechos constitucionales, una prueba irrefutable más de su absoluto fracaso.

El fallo es histórico; aunque aún estamos lejos de ver una cadena de producción, comercialización y consumo totalmente legales y regulares; los consumidores ya tienen la opción de solicitar un permiso especial a la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios.

Ahora la pelota está en la cancha del Congreso de la Unión, será responsabilidad de los legisladores garantizar a los ciudadanos el ejercicio pleno de sus derechos, evitar que vacíos legales abran la puerta al mercado negro; y regular la producción, procesamiento, distribución, venta y consumo de la droga para evitar abusos.

Nuestros socios comerciales han avanzado a pasos agigantados en el tema. Nueve estados de la Unión Americana, y más recientemente Canadá, han regulado la marihuana para uso recreativo.

Están en proceso de generar una verdadera industria que hoy ya cuenta con cientos de miles de empleos formales, y que ingresa a las arcas del Estado vía impuestos cuantiosas cantidades de recursos que en su mayoría son destinados a la prevención, al tratamiento de adicciones, y al combate a la delincuencia.

Vale la pena dejar de subsidiar una guerra absurda, sobra decir que llevamos años perdiéndola.
Vale la pena dejar de lado los prejuicios y la desinformación.

Legalizar la marihuana eliminaría o mitigaría significativamente las terribles consecuencias que enfrentamos como sociedad con nuestro desgastado sistema prohibicionista. Vale la pena el reto.

Jorge Triana